"Aunque Internet ha traído consigo ahorros significativos en transporte y papel, debemos ser conscientes de la gran cantidad de contaminación generada por los nuevos hábitos de consumo, especialmente en la reproducción de videos, el formato más denso de información”, agrega Botella, quien señala el informe ‘The Shift Project’, que revelaba que en 2018 las descargas de vídeos produjeron 300 millones de toneladas de CO2, lo mismo que se emitió en toda España.
El transporte de datos y la contaminación
La inmediatez y simplicidad para acceder a videos a través de plataformas como Netflix y YouTube han llevado a su consumo masivo. Ver 4 horas de vídeo en alta calidad a través de Internet, por ejemplo, emite 12,8 Kg de CO2, que equivale a hacer un viaje de 50,4 kilómetros en coche.
“Este consumo tiene un triple costo energético: se crean enormes centros de almacenamiento que consumen grandes cantidades de energía, especialmente para refrigeración; se requiere energía eléctrica para que funcione; y se utilizan distintos dispositivos que contribuyen al consumo de energía para captar y reproducir datos”, alerta Botella.
En última instancia, tomar conciencia de que el transporte de datos tiene un impacto significativo en la generación de huella de carbono es el primer paso para abordar la contaminación silenciosa de Internet y contribuir a revertir la emergencia climática. “No es necesario cruzar océanos en barcos de vela; pequeñas acciones cotidianas también pueden marcar la diferencia”, añade Botella.
“Borrar correos electrónicos es un primer gesto, y aunque parezca simple, evitará generar 10 gramos de CO2 anuales. Otro pequeño gesto es alargar la vida de los teléfonos móviles y los dispositivos electrónicos, ya que, si los reciclamos y reparamos, evitaremos generar un residuo y el coste energético de producir uno nuevo (unos 23,5 kg de CO2)”, concluye.