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Abajo

Abajo

· Por Julio Bonmatí, Observador de masas

domingo 04 de febrero de 2024, 08:45h
Somos limitados y finitos, y estamos envueltos por un entorno multidimensional de incertidumbre. Pero ello no debe frenar, pues probablemente solo tal cosa es realmente fracasar, el poder llegar al final de la vida y decir: “aunque solo sea por una vez, me la he jugado.” Hay dos maneras de plantear un propósito con riesgo: una sería de forma ilusoria, estableciendo arbitrariamente primero este desde la mera nebulosa de un deseo para luego reflexionar sobre lo que se precisa para alcanzarlo; otra sería de forma realista, donde con los pies en el suelo tras reflexionar sobre aquello de lo que se dispone se fija el propósito potencialmente alcanzable. El primer caso se conoce como pensar de arriba abajo y el segundo se conoce como pensar de abajo arriba.

Dar un paso adelante y otro después y reiterar de forma incansable indefinidamente el mismo movimiento para, sin plantear mayores honduras ni efectos secundarios, crear una inconexa vereda particular puede llevarte a creer gratuitamente que lo que haces se puede bautizar como progresar.

Y se corre el riesgo de no caer en la cuenta que si por casualidad o torpeza se prescinde de fijarse en otros matices o alcances y uno se coloca mirando en la dirección incorrecta, apuntando al error y dando la espalda al acierto; si se piensa bien realmente solo se tiene la posibilidad de avanzar, si se ejecuta lo que se conoce como el “moonwalk” o paseo lunar, es decir solo se progresa si deslizándote suavemente como un danzante de “break dance” simulando el paso adelante ciertamente andas hacia atrás, y en tal caso más te vale reparar en que con tal desplazamiento a la meta inevitablemente llegarás siempre con el culo por delante.

Así visto, conviene asegurar por el propio bien el estar adecuada y cabalmente orientado y colocado en la buena dirección desde el principio; no hay mérito alguno ni debe esperarse recompensa, ni siquiera cierta consideración, por sacarla bien cuando previamente se ha metido mal.

Con la brújula indicando el norte, trazada la ruta en el mapa, ordenadas y empaquetadas las herramientas, antes de emprender la marcha, desde el segundo uno kilómetro cero, deberías someterla concienzudamente a una experimentación mental para identificar descuidos y olvidos de última hora, mejor prevenir que curar que como bien se sabe la suerte favorece a los cerebros preparados.

Conocer el nombre de un avatar no significa conocer de forma plena y en toda su extensión posible el avatar en sí. La vida en su esencia evolutiva, donde mediante un procedimiento simbiótico creciente las complejas células eucariotas proceden de las más sencillas células procariotas, es una propiedad autoorganizada y emergente; de forma y manera que todo organismo se esfuerza por un lado en sobrevivir y por otro en transmitir sus genes a la siguiente generación, volcando en tal fin sin reparar en gastos y de manera complementaria lo innato y lo adquirido. Ejemplos de institución autoorganizada y emergente, que funcionan de abajo arriba, en el ámbito social son la economía de mercado y el estado democrático de derecho; y ejemplos de institución que funciona a la inversa, es decir de arriba abajo, son la economía centralizada y las dictaduras.

Si la naturaleza actúa siempre de abajo arriba, por algo será; así que, dado que los recursos disponibles con mucha frecuencia serán probablemente muy escasos y nosotros en tamaño relativo se nos podría encuadrar como tirando a diminutos, para incrementar la probabilidad de encontrar una solución que sea válida para enfrentar un problema de tamaño elefantiásico, antes de actuar, conviene preguntar ¿En estas, cómo actuaría un microbio?

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