Recientemente se ha conocido que una compañía multinacional con sede en Hong Kong había sido objeto de fraude digital. El episodio empezó a mediados de enero, cuando la víctima, un trabajador del departamento financiero, recibió lo que parecía ser un correo electrónico de phishing del director financiero de la empresa, solicitando una transacción secreta. Tras hacer la consulta en la sede de la empresa, comprendió que se trataba de una estafa.
La metodología del fraude consistió en un deepfake, una tecnología a través de la cual los estafadores lograron recrear una imagen virtual de varios miembros de la empresa, incluido el director financiero, y organizaron una reunión virtual con la víctima a la que convencieron para que realizara una serie de transacciones que provocaron la pérdida de aproximadamente 25,6 millones de dólares a la empresa.
Dentro del amplio porfolio de aplicaciones y usos de la IA, un deepfake es un video, imagen o audio creado artificialmente y que simula la apariencia y sonido reales de una persona. El término proviene de la combinación de los conceptos “deep learning” y “fake”, que definen la representación de “algo falso” a través de la tecnología de aprendizaje profundo.
El funcionamiento de los deepfake radica en el uso de GAN, una tecnología pionera en el campo de la visualización que, mediante la recopilación de fotografías y videos es capaz de generar imágenes y representaciones que asemejan las características humanas. El principal reto de esta tecnología es la disponibilidad de datos, por este motivo, los deepfake de famosos y políticos son tan populares, dado el abundante contenido disponible sobre ellos en línea.
Este concepto resuena en el contexto mediático aproximadamente desde su origen, utilizado en el ámbito cinematográfico y de televisión. No obstante, en los últimos años los deepfakes han evolucionado al concepto de deepfake scam, apareciendo en los medios de comunicación empleados para para representar políticos o actores y hacer uso del contenido generado para difundir desinformación o atacar la reputación de las personas.
Este incidente evidencia una creciente sofisticación de la tecnología deepfake y cómo esta es empleada cada vez en mayor medida para cometer fraude de tipo financiero y enfocado en el entorno empresarial, planteando una serie de desafíos para la seguridad e integridad de las empresas y sus trabajadores.
En este punto, es crucial introducir el concepto de la privacidad digital y su importancia en el contexto empresarial, como medio para salvaguardar la información de la empresa y sus empleados y prevenir posibles ataques relacionados con esta. Disponer de una mínima huella digital dificultará el acceso de los estafadores a información sobre ti o tu entorno; personal y/o laboral, que pueda ser utilizada en tu contra, reduciendo significativamente la probabilidad de ser víctima de raude o estafa digital.
La protección de los intereses y la seguridad emergen como premisas dentro del ámbito corporativo donde la concienciación sobre los riesgos que suceden en el seno de la empresa, especialmente aquellos asociados con la tecnología, es fundamental para promover una cultura organizacional basada en la privacidad – tanto física como digital- , la vigilancia y la prevención del fraude.
Pero otro de los dilemas que plantea el auge de esta tecnología es: ¿En qué podemos confiar?
Hasta hace poco, una fotografía, un audio o un video podían ser consideradas pruebas suficientes de veracidad. Sin embargo, la creciente accesibilidad y avances observables en esta tecnología han permitido a los estafadores manipular estos medios y representar contenido con los que inducir a error o engaño, favoreciendo la proliferación de los deepfake scams.
El auge de los fraudes con deepfake es un fenómeno que pone en tela de juicio la confianza en la información visual y auditiva y resalta la necesidad de contrastar la información que recibimos, especialmente cuando esta conlleva una decisión y/o acción.
En el ámbito empresarial, toda decisión conlleva una serie de consecuencias. Por este motivo es crucial verificar la información y comprender el contexto antes de actuar, garantizando que las decisiones se tomen de la manera más acertada mediante el uso de la Inteligencia.
A través de un proceso de recopilación y análisis, la Inteligencia es capaz de confirmar o rechazar la veracidad de una información asegurando que las decisiones estén fundadas sobre la base de una información contrastada. En este sentido, la implementación de sistemas de Inteligencia que den apoyo a los diferentes procesos de toma de decisión en el seno de la empresa es fundamental para asegurar su éxito.
En un contexto digital cada vez más manipulado, las empresas enfrentan una serie de riesgos y desafíos para prevenirlos. La combinación de una cultura de privacidad digital y la implementación de la Inteligencia en los procesos de toma de decisión son herramientas fundamentales con las que garantizar la seguridad e integridad de las empresas.