Si, que la primera pregunta tiene un pase; al ser la primera por razones obvias, básicamente por la presunción de estar aderezada con un inocente interés, casi siempre lo tiene [el pase]. Pero tras la primera respuesta has hecho una segunda pregunta sin pararte a pensar, lo que por comodidad es muy frecuente; y si la analizas verás que ha sido equivocada, y como no puede ser de otra manera si la pregunta no es la que procede, la respuesta difícilmente va a poder conseguir de manera correcta despejar la duda que la genera.
Entonces, según tú ¿Cuál hubiera sido la pregunta acertada?
Es bien fácil amigo, puesto que por definición el infinito pareciendo que lo tiene todo, paradójicamente carece de fin, sería ¿Qué queda fuera del infinito?
Y en tal caso amiga para ti la respuesta ¿Cuál hubiera sido?
Nada. Que fuera del infinito lo que queda es la nada.
O sea que queda el vacío, es decir que no queda nada.
No amigo, la respuesta no es que “no queda nada” y por tanto concluir que lo que queda es el vacío; la respuesta exacta es que “queda la nada”. Que no es lo mismo; pues la que tú deduces, está expresada de manera negativa y la que yo te doy se expresa de forma positiva. Y la ausencia de algo no necesariamente es lo contrario a la existencia de algo. Recuerda la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. Y además curiosamente para ti queda el vacío cuyo género es masculino cuando lo que queda es la nada cuyo género es femenino.
Amiga mía... ¡Demasiado complicado! Por lo menos para mí; hoy.
Menos de lo que crees. Además cuidado con hacer un uso alegre de los sinónimos. La nada se corresponde con el campo de la filosofía y es la inexistencia total o la carencia absoluta de todo ser y el vacío se corresponde con el campo de la física y es un espacio que no está ocupado por materia alguna, o que en todo caso está ocupado por gases con una densidad mucho menor que la densidad atmosférica. Por tanto la nada en tanto que carencia absoluta es lo que queda fuera del infinito y el vacío al ser un espacio libre de ocupación está dentro del infinito, es decir que el infinito también lo abarca.
Tras hablar contigo, cuando nos despedimos, siempre me entra la duda de lo que realmente ha ocurrido, y tras darle muchas vueltas al final no tengo claro de si aprendo o si me desprendo de autoestima.
En cambio amigo mío, a mí tras la despedida no me queda ninguna incertidumbre de lo que me ha sucedido.
Venga misteriosa, no guardes silencio y ¡Suéltalo de una vez!
En mi persona de manera simultánea se funde por un lado el aprender, pues ambas partes que no te quepa la menor duda tras llevarla a término aprendemos con una amigable e interesante conversación, con por otro lado el disfrutar de un desprender de autoestima; de no hacerse de esta manera no habría un auténtico intercambio enriquecedor para ninguna de las dos partes. En una conversación, cuando realmente esta lo es y por tanto no me refiero a una discusión, cada uno de los intervinientes solo aporta una parte de razón, que por otro lado al juntarlas tampoco hacen el “Todo”, solo hacen un todo; el que se genera por esa conversación. Y la conversación sobre la diferencia entre discusión y conversación, que ya está bien por hoy, la dejamos para la próxima ocasión.
No me hagas esto estimada amiga, yo me estaba gratamente entreteniendo mucho.
No más que yo, amigo, pero ya sabes “lo bueno si breve, dos veces bueno y, lo que según el momento es todavía mejor, dos veces breve”.