No falla. El socialismo ejecuta exactamente lo contrario de lo que publicita con efectos letales para el interés general y la prosperidad. Miseria descontrolada, salvo para los militantes y sus allegados enchufados a costa del sudor de la frente de la población. Y una redistribución igualitaria de la pobreza -apenas un slogan zafio y artero- que nunca llega, porque esos militantes y esos allegados se instituyen en auténticos parásitos, máquinas de expoliar los ingresos que los auténticos currantes malamente consiguen reunir.
El socialismo como mentira, como estafa, pero como modelo que -ante una masa convenientemente adoctrinada, aborregada, adocenada- tiene sus adeptos. Los que beben (incluso roban) del pesebre público.
En efecto, Sánchez y su tropa de parásitos han logrado definitivamente que deslomarse, en esta España que está literalmente laminando, no sea garantía para poder tener una vida digna. Es una humillación. Es un insulto. Y es un abuso que desde luego los referidos ineptos no tienen voluntad alguna (tampoco capacidad como es evidente) de enmendar.
Con Sánchez y sus inútiles palmeros, cada día más españoles de los que trabajan apenas pueden asumir los gastos más básicos y ordinarios, los menores, los más cotidianos. Pero no tengan ninguna duda: el autócrata, antes o después, será derrotado en las urnas o dimitirá. Y será entonces cuando esa masa adoctrinada, aborregada y adocenada se echará a las calles a culpar al gobierno entrante de ‘la derecha’ de haber creado un país castigado, golpeado y devastado por la precariedad. ¿Hacemos apuestas?